martes, 22 de mayo de 2012

Mi mente va y viene, mi cuerpo queda estancado en el mismo lugar. Mi psiquis se encierra y libera, pero mis pulmones siguen respirando. Mi cuerpo no cambia, no esta en él el problema. Tengo la capacidad te armarme y desarmarme, de ponerme mil disfraces, cambio frente al mundo a mi placer, pero no logro cambiar en mi las cosas que me complican. 

Tengo miedo a despertarme un día y que no quede nada de los imperios que un día construí. ¿Por qué simplemente no puedo armar una cabaña que el lobo feroz no puedas voltear? Capaz que el problema esta ahí mismo, en querer una cabaña dentro de imperios de humo. Querer felicidad donde yo mismo me encargue de erradicarla.

La gente puede mirarme pero nunca verme, ya que conocerme no es una opción, no lo permito. En el momento en que alguien te conoce te vuelves vulnerable, franqueable, débil. Es por eso que tengo mis imperios de humo, mis verdades a medias, mis mil caretas. 

Ahora, en medio de mis días, cambio mis caretas, pero no mis formas, la gente pasa, me mira y se refleja, así nunca encuentran brechas por donde colarse, aquellos que lo logran se encuentran con un va y ven de ideas, emociones y personalidades distintas. 

Soy un manojo de personas varias, que se contradicen unas a otras y no permiten que tenga la posibilidad de sacarme la careta y mostrarme. Capaz que cuando aprenda a convivir con mis mil yo entienda cual es la mejor forma de relacionarme con el mundo siendo una sola.



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